| REPORTAXE
SEXISMO EN LA NOCHE: ¿víctimas o cómplices?
CELIA PARRA
Ganadora del Primer Premio Concurso de Poesía María Mariño |
Santiago, 03-05-09
Abanderados de una cultura supuestamente progre y desarrollada, todos somos cómplices inconscientes de la perpetuación de actitudes sexistas en muchos ámbitos de nuestra sociedad. La discriminación de la mujer, el lenguaje y la publicidad sexistas o la violencia de género son ejemplos del que es uno de los grandes males de nuestra cultura.
Vivimos en una sociedad androcéntrica en la que –citando a Protágoras- “el hombre es la medida de todas las cosas”, en el sentido más literal de la expresión. Tenemos tan enraizados los roles del patriarcado que parece imposible llegar a conseguir de manera efectiva la tan preconizada igualdad de género. Pese a los grandes avances que se han producido en la situación de la mujer, ciertos prejuicios aún perviven de forma inconfesa en nuestro imaginario colectivo. Pero, ¿existe realmente la posibilidad de enterrar esos roles?
Ejemplos aislados revelan que aún queda una ventana abierta a la esperanza, que no todo el mundo está dispuesto a aceptar tales prejuicios. Colectivos como Homes Galegos pola Igualdade nacen con el objetivo de “favorecer y luchar por la igualdad real y efectiva entre todas las personas, hombres y mujeres”. Su existencia muestra que las reivindicaciones por las cuestiones de género no son tarea exclusiva de las mujeres, sino que también los hombres son conscientes de las situaciones de desigualdad que vivimos. Jorge García Marín, miembro de este colectivo y profesor de Sociología de los Roles de Género, admite que “un cambio estructural a corto plazo es muy difícil, por ello nosotros confiamos más en los cambios a nivel micro”. Así, difunden sus valores por medio de su ejemplo: a través de charlas y encuentros especialmente destinados al público infantil y adolescente, pretenden una “sensibilización de las nuevas generaciones”; incluso establecieron el Premio al Hombre Gallego por la Igualdad . García Marín explica que este tipo de iniciativas ya están consolidadas en otras comunidades, como Cataluña, Andalucía y León, las más pioneras en este campo.
Por eso sorprende que precisamente en Granada tuviera lugar uno de los acontecimientos de actualidad con más repercusión mediática debido a su enorme carga sexista. La discoteca de menores Granada 10 organizaba el pasado mes una fiesta temática en la que se ofrecía una “subasta de solteras”, publicitándolo bajo el lema “Si estás soltera, subástate. Si estás soltero, puja”. Tras pagar una entrada de 8 euros, común para ambos sexos, a los chicos se les entregaban billetes de Monopoly para participar en la puja. Las chicas, entonces, eran presentadas y desfilaban por el escenario, de manera que el chico que más billetes ofreciera obtendría el premio de quedar con la chica elegida. Una vez “emparejados” la discoteca los invitaría a una consumición en un palco VIP para que pudieran conocerse mejor.
La controversia del hecho, que la ministra de Igualdad Bibiana Aído calificó de “lamentable, intolerable e impropio de una sociedad civilizada”, hizo prender la mecha de un encendido debate público. Pero, ¿Por qué este reclamo sexista? y ¿cómo es posible que la sociedad lo acepte? Al respecto, García Marín afirma que “la publicidad es el espejo de la sociedad”. Por tanto si existe publicidad sexista, y si funciona, es porque la sociedad es sexista”.
En realidad, este nuevo caso no es más que otro ejemplo de las burdas estrategias publicitarias que utilizan los locales para atraer clientela. Por ejemplo, es práctica habitual en muchos bares ofrecer al público femenino entradas gratis, descuentos o copas gratis. y este tratamiento de la mujer en el ocio nocturno revela la asimilación de un rol profundamente machista: el de la mujer-objeto, la mujer-cebo. Pero, ¿Qué piensan los chicos y chicas como partícipes más directamente implicados en el tema? La mayoría de las chicas mantienen que son tratadas como “carnaza”, como “cebo”. Tania Garaboa resume el proceso en cuatro pasos: “Las chicas van a la discoteca. Los chicos van donde saben que hay chicas. Los chicos consumen, a veces el doble que las chicas. Y todo esto se convierte en una ganancia para la discoteca, tanto en venta de entradas como de alcohol”.
Precisamente esta opinión es la que pretenden reflejar Andrea Porto e Iria López en una performance que tendrá lugar el 28 de mayo en Compostela. Bajo el título “El hombre y la fiera”, su intención es denunciar “el machismo presente en el ocio nocturno”: tanto en el tema de las entradas como en las copas gratis, las gogós e incluso la música. Imitarán un documental en el que se relata “la búsqueda de compañera sexual del macho ibérico, parodiando todo esto de `salir a cazar’”. “Habrá chicas subidas a una tarima –explica Andrea- con jamones y chorizos colgados de las piernas, para simbolizar que las mujeres son en realidad carnaza”. Este tipo de iniciativas, que llevan funcionando cuatro o cinco años, tienen como objetivo llamar la atención para que la gente reflexione sobre aspectos de la vida cotidiana que muchas veces ignoraba anteriormente, y que esta reflexión lleve, en el mejor de los casos, a un cambio de actitudes.
Volviendo al tema de las entradas gratis, las motivaciones de las discotecas son diversas. Mientras que la mayoría no saben explicar el porqué, el propietario de uno de los pubs más conocidos de Ourense, el Vai-Vén, explica que cobra entrada a los chicos por ser 2los más conflictivos y los que más problemas causan en el local”. Por el contrario, afirma que “si realmente creyese que las chicas son carnaza para que entren los chicos, les estamparía en la frente un sello como el de las vacas y las pondría a bailar encima de la barra”. Cosa que á veces éstas ya hacen voluntariamente.
A parte queda la cuestión de las gogós. Tema también controvertido, hace patente la imagen de la mujer como objeto sexual para deleite del público masculino. Esta visión entronca con el papel de las azafatas que presentan un producto para su venta (sean coches, motos…), mujeres todas de un físico exuberante y a menudo ligeras de ropa: es lo que se conoce como mujer-florero. En general todo lo que se vende a un público masculino se hace a través de una mujer con un físico artificial impuesto, “y a partir de ahí somos las mujeres quienes inconscientemente perpetuamos ese ideal, porque somos nosotras las que queremos conseguir ese cuerpo y esas tetas de las mujeres anuncio”, dice Iria. Como afirma Tania, “todas las chicas quieren ser Barbies. Y así vienen después las enfermedades, la anorexia y la bulimia”. André Gago, otro de los entrevistados, considera que la culpa de esto recae en “estereotipos sociales que sólo se pueden cambiar con el tiempo, pero como la sociedad no está muy por la labor…”
Y es aquí donde entra en juego el papel de la educación, uno de los principales agentes socializadores. Tanto Jorge Marín como Andrea Porto coinciden en la necesidad de un cambio en el modelo educativo, que introduzca una “conciencia feminista que ofrezca nuevas identidades y valores”, al mismo tiempo que se incluye en el currículum “el papel de la mujer en la historia, muchas veces oculto y que se lleva evitando toda la vida”. Actividades como charlas, películas, lecturas o exposiciones servirían para complementar la formación de los niños en un período clave para la formación del espíritu crítico.
A estas alturas, cuando todo lo referido a temas de género ya cansa, resulta difícil concienciar a la gente de que el sexismo es una cuestión en la que realmente sí que es importante implicarse. Porque si dejamos que florezca en los jóvenes, cuando estos crezcan será mucho más complicado cortarlo de raíz.
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Celia Parra |
21/12/09 |
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